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USOS CULTURALES DEL TERRITORIO

Como en todas las esferas e instituciones la cosmovisión Aymara se expresa igualmente en su relación con la tierra y el territorio.

En mayor o menor grado y de acuerdo con su situación particular en términos de políticas agrarias, reconocimiento de derechos y procesos identitarios, los Aymara de los tres países reproducen aspectos tradicionales en el uso del suelo. No es fácil olvidar estos conocimientos en territorios que por sus características climáticas y condiciones meteorológicas exigen un conocimiento profundo para ser usufructuado, así en muchos casos se haya perdido la ritualidad asociada, dicho conocimiento es milenario y especializado.

La historia de la domesticación de la papa, el cultivo más emblemático de la zona que nos ocupa, así lo confirma: “Según los últimos estudios moleculares sobre la taxonomía de la papa (Solanum tuberosum), el origen y domesticación de esta especie tuvo lugar en la sierra del Perú, aparentemente en una región que incluye los actuales departamentos de Huánuco, Cerro de Pasco, Junín, Huancavelica, Apurímac, Ayacucho, Cuzco y Puno. Sin Embargo, parece ser que la papa fue cultivada intensivamente por primera vez en la región que circunda el Lago Titicaca, asociado al desarrollo cultural de la sociedad Tiwanaku y la intensificación de su cultivo fue fundamental en la construcción del imperio.

La segunda gran expansión del cultivo de la papa se da durante la creación del imperio Inca del Tawantinsuyo, sin embargo, el cultivo de la papa ya estaba arraigado en las regiones andinas de Colombia y Ecuador posiblemente desde la segunda mitad del primer milenio antes de la era cristiana (ca. 500 a.C.). No se sabe “cuando se inició el cultivo de las papas ‘chilotas’ en el sur de Chile, las cuales eventualmente darían origen a la papa europea, pero este ya estaba establecido a la llegada de los españoles en el siglo XVI” (Morales Garzón, 2007). El mismo autor menciona además que las papas amargas muy probablemente fueron adaptadas en la zona alrededor del Lago Titicaca dada su resistencia a las heladas.

La apropiación del territorio, su representación simbólica, así como las instituciones y normas que se aplican para tomar decisiones sobre su manejo determinan, entre otros, su sostenibilidad ambiental y su mejor aprovechamiento tanto para fines de auto subsistencia como para la participación en la esfera del mercado. Dichas instituciones y normas se han modificado o perdido en el tiempo. Recuperarlas no significa retroceder en el tiempo y dar la espalda a las nuevas necesidades que los tiempos modernos generan en las comunidades indígenas, por el contrario es aprovechar esa riqueza cultural para superar el rezago. En diferentes condiciones de acceso a la tierra, los Aymara demostraron en tiempos antiguos poseer el conocimiento y tecnología necesarios, para manejar sostenible y exitosamente los diferentes ecosistemas en los que habitaron. Hoy los Aymara no deben olvidar esto y recuperar aquellas prácticas y normas que les sean funcionales al presente. Su puesta en valor no es el único factor que contribuirá a cerrar brechas de desarrollo pero si orientará este desde la visión propia de su cultura proporcionando mayores garantías para mantenerse vigentes.

Todavía en el sistema de representación Aymara, sus asentamientos originarios son aquellos que se ubican en la puna, los de los valles interandinos fueron colonos. Los asentamientos andinos ubicados en la puna, por encima de los 3500 msnm, cuentan con un clima diverso y variable debido a su altitud, el que de acuerdo con las circunstancias particulares del paisaje de cada comunidad, ofrece microclimas igualmente variados. No obstante, es común que las comunidades todavía conserven territorios en diferentes pisos térmicos los cuales clasifican, para el caso de Chile especialmente, así: campo (pampa), cerro, chacra, y formaciones azonales como bofedales, vegas y quebradas.

En el cerro, las partes más altas, se obtiene recursos maderables y medicinales, así como de pajonales para el sostenimiento de los rebaños de camélidos, entre otros, y caza. Los asentamientos humanos en esta zona son transitorios. Es el área donde, en algunos casos, aún existen reductos de bosques de quiñwa (Polylepsis), en su mayoría muy degradados, apetecidos por su madera como leña y aplicaciones medicinales. El uso intensivo de este recurso lo sitúa como uno de los ecosistemas más amenazados. Por ser reservorio de agua y tener asociada una gran riqueza de fauna es deseable su recuperación. Las mayores alturas que se encuentran dentro de este espacio son sagradas y albergan espíritus protectores y vigilantes. Igualmente distinguen dentro de estas otras categorías como las laderas dominadas por ichus y la pampa qollo correspondiente a las planicies de cerro. En otros sectores diferencian las serranías altas y despobladas, adyacentes al altiplano, de las planicies altiplánicas.

Por su parte los campos están definidos por los sitios de pastoreo con asentamientos estacionales, en sus parte más elevadas, pero también es donde se asientan y tienen sus chacras. Aquí son importantes las fuentes de agua, quebradas u oasis, según sea el caso, dado que define la ubicación de las áreas de cultivo y de los poblados. Las vegas son áreas de humedales dominadas por junguillos. (Villagran, Castro, & Victoria, 2004).

La puna se caracteriza por la presencia de precipitaciones pluviales, vientos, granizadas y fundamentalmente las heladas. “En la cosmovisión […] del poblador andino en general, al viento, a la granizada y a la helada, se les trata como a personas y se les conoce con los nombres de mama mikhu kimsa qilla llula maqt'akuna (los tres jóvenes flojos y mentirosos, comedores de su madre) o también los tres chicotllos. La presencia de estos tres hermanos (conocido por la agronomía moderna como fenómenos atmosféricos), hacen que el clima de la ecorregión andina, tenga un carácter mudable, impredecible y caprichoso” (Kessel & Enríquez, 2002). Con base en estos fenómenos, es posible identificar tres periodos o estaciones así: estación de lluvias-para pacha, estación de heladas-qasa pacha/chirawa pacha, y estación de secas-ch’aki pacha. En estas circunstancias han desarrollado un sistema agro-pastoril que contemplan el uso sostenible del suelo y una capacidad de maximizar las posibilidades productivas que este ofrece.

En términos generales hoy día la economía en las áreas rurales se sustenta en el autoabastecimiento a través de la agricultura complementada con el pastoreo de especies de camélidos (llama y alpaca) y rebaños de ovejas, principalmente. Existen comunidades en las que prevalece el pastoreo y la vinculación al mercado a través de la venta de sus derivados (fibra y carne, entre otros), en otras la producción agrícola tiene mayor peso. La primera actividad es fundamentalmente de puna y la segunda varía en cuanto a los productos cosechados de acuerdo al piso térmico en que se ubica. La agricultura en los valles es más variada que en las partes más altas, por obvias razones.

Manteniendo el sistema ancestral de complementariedad, las comunidades conservan aún relaciones de intercambio con pares de otras zonas con quien intercambian tanto productos agrícolas, como objetos confeccionados con la fibra de los camélidos (chompas, cobijas, etc.), herramientas, entre otros. Estas relaciones de intercambio se refuerzan a través de la participación en las fiestas patronales del otro, donde participan con grupos musicales y de baile, entre otros.

Pertenecer a una comunidad Aymara otorga el derecho a tener un pedazo de tierra para cultivar y/pastorear. A su vez, implica el deber de retribuir a su comunidad mediante el turno, en el ejercicio de los diferentes cargos, entre otros. El derecho a una parcela-sayana, que no es un continuo geográfico, se adquiere al momento del matrimonio, que es cuando realmente se establece la integración social al grupo.

La asignación del derecho al usufructo varía de acuerdo con cada comunidad. Existen comunidades en que cada familia tiene un pedazo de tierra con títulos de propiedad que se unen para un manejo comunitario; otras en las que la propiedad es colectiva. Como dice Albó, “Todos comparten un mismo territorio (tengan o no títulos individuales de propiedad), con sus linderos conjuntamente defendidos, sus terrenos comunes de pastoreo, sus cultivos repartidos familiarmente pero en última instancia controlados comunalmente” (Albó X. , Identidad étnica y política, 2002).

Tradicionalmente el usufructo se reparte anualmente por el sistema de medición de masa de acuerdo con la necesidad de cada familia, esta dependerá, principalmente, del número de miembros. La presión sobre las tierras es mayor en aquellas zonas más tradicionales mientras que en otras esta se alivia debido a la migración , como es el caso de algunas comunidades chilenas más cercanas a centros urbanos, o en las bolivianas fronterizas con Chile que aspiran a instalarse allí, o en las peruanas atraídas por las ciudades costeras. El derecho al usufructo es heredado patrilinealmente por los hijos varones. En caso que estos no existan las hijas adquirirán dicho derecho.

La delimitación de cada área familiar así como de las comunitarias eran ampliamente socializadas mediantes recorridos en los que participaban los comunitarios. Hoy, probablemente por la disminución de las áreas que está en capacidad de otorgarse a cada familia y por la interiorización de patrones de comportamiento individual, aparecen en los campos cercados de alambre. Cada vez aparecen más conflictos asociados a linderos entre otras razones por la falta de delimitación de las unidades político-administrativas de cada país, la cual es deficiente a este nivel pero también a la pérdida del reconocimiento de la norma así como de la autoridad natural para resolverla. Igualmente, se dan roces por la invasión del ganado de una familia sobre el área de otra. Las autoridades no tradicionales que han sido impuestas por el modelo de ordenamiento territorial de cada nación desconocen estas .

Definir la manera en que cada año se distribuirán las tierras de acuerdo con su uso demanda la evaluación de un número de variables complejas determinadas principalmente por el clima. Es así como el agricultor deberá i) prever y calcular cual será el comportamiento de los factores meteorológicos y por ende la duración de cada estación para definir cuál es la mejor época para cultivar, con base en lo anterior, ii) buscar el sitio más adecuado para hacer la chacra dados los micro-climas presentes en su territorio, iii) seleccionar los cultivos y las variedades que mejor se comportan bajo las situaciones climáticas que se esperan, y iv) desarrollar técnicas de defensa de sus cultivos contra los excesos de humedad o sequía, heladas, entre otros que se asocian con las predicciones.

Hoy es reconocido, aunque poco estudiado, el sistema de predicción del clima que desarrollaron los Aymara y aún se aplica. De acuerdo con Kessel, este se compone de tres fuentes. La primera de ellas, la observación de los fenómenos meteorológicos; la segunda, la consulta de bio-indicadores que consiste en la observación del comportamiento local de plantas y animales en cada nicho micro-ecológico, cuyas variaciones son interpretadas como mensajeros, por último, la fuente de información meta-empírica o meta-sensorial, que se da en un contexto ritual y es interpretada como una confirmación de las predicciones construidas a partir de las dos primeras fuentes (Kessel & Enríquez, 2002).

“El uso de la tierra y la rotación de cultivos, tradicionalmente se inicia con el sembrío rotativo de papa amarga y papa dulce, asociado en algunos casos con ulluku e isañu, para luego proseguir al siguiente año con el sembrío de quinua, cañihua y cebada, quedando el tercer año nuevamente en descanso. Por este motivo anualmente dentro del territorio comunal habrá tres tipos de masas: de papa, kiwna - kañiwa, cebada y masas en descanso”.

“La utilización de tierras comunales para el pastoreo se efectúa mediante un complejo sistema de manejo de pasturas, donde cada familia comunera tiene acceso a ella y la usufructúa individualmente de acuerdo a normas colectivas que limitan la introducción indiscriminada de especies pecuarias. Se tiene bien en cuenta que la tierra es de todos y es de nadie en particular, solamente la usufructúan cultivando unas cuantas masas de tierra y pastoreando un número limitado de especies pecuarias” (Kessel & Enríquez, señas y señaleros de la Santa tierra. Agronomía andina, 2002).

El pastoreo se presenta de manera intensiva y extensiva, como en el caso de algunas comunidades chilenas. En el primer caso, se conjugan en una sola área el cultivo de papa y quinua con el pastoreo. Para ello, la siembra se realiza mediante técnicas que no remueven la capa vegetal, es decir no se ara o barbecha, se abre un hueco en la tierra al que se le pone guano, de oveja en muchos casos y la semilla. Durante el periodo antes de la salida de la planta se permite al ganado pastar allí. Pero está técnicas no son utilizadas en todos los casos, lo que ha llevado a procesos de erosión de los suelos.

Dentro del área de influencia de la AE AsF existen dos zonas que en términos de recursos determinan características particulares dentro de la producción y especialización de actividades económicas en comunidades específicas. La primera los salares, de gran importancia precolombina, en la que los Lípez jugaron un rol determinante en el usufructo y comercialización de la sal, y durante la colonia por ser indispensable en los ingenios de plata; de otra parte los lagos y el aprovechamiento de macrofitas como la totora.

El salar de Uyuni es el más grande del mundo, con más de 10.000 kilómetros cuadrados de costra salina. Tiene 180 km de largo y 80 km de ancho, y se encuentra ubicado a una altura de 3670 msnm. Su superficie de sal es totalmente blanca y lisa. Unos centímetros bajo la costra salina, se encuentra la salmuera, agua saturada en sal, que contiene varios minerales muy importantes como ser el litio, boro, el potasio, el magnesio y cloruro de sodio. Además, el salar de Uyuni contiene una de las reservas más grandes de litio conocidas.

El salar es explotado en la actualidad por unas 30 familias de manera comunitaria reproduciendo las normas sociales de usufructo de un recurso, es decir se asemeja a las instituciones aplicadas a la actividad agrícola. Las áreas aptas para su explotación son aquellas en las que la capa endurecida por el sol no rebaza los 30 cm. de profundidad, para la extracción de bloques, o en forma granulada en zonas menos duras. La primera tarea es básicamente masculina mientras que a la segunda se vincula la mano de obra femenina. A estas comunidades aún llegan llameros-comerciantes quienes deben comprarla. De acuerdo con Molina, allí empieza un circuito de comercio tradicional en el que anteriormente no participaba el papel moneda pero que hoy al haber sido fraccionadas los territorios ancestrales de las etnias y federaciones de estas en los periodos coloniales y republicanos se perdió el acceso amplio a dicho recurso. De allí, en el marco de un comercio más tradicional en el que el trueque juega un papel importante todavía los llameros los distribuyen a través de los valles (Molina, 2006).

Este salar fue declarado reserva fiscal por el gobierno boliviano desde los años 60 del siglo pasado. El litio es el metal más liviano, y actualmente ya tiene numerosos usos en la industria y en la medicina: en la fabricación de un aluminio reforzado y liviano, que permite la construcción de aviones más livianos, en la industria de la cerámica, dándole mayor resistencia y mejor acabado; en la manufactura de grasas de alta resistencia, en la medicina psiquiátrica, para el tratamiento de desordenes mentales. Desde finales del 2007 el actual gobierno ha emprendido la implementación de un proyecto semi-industrial, que inició como piloto, para el aprovechamiento del litio.

De otra parte, las comunidades asentadas en las riveras de Lago Titikaka hacen un aprovechamiento de las macrofitas que se reproducen en el lago, las que representan un recurso de valor económico y social. De acuerdo con Levieil y Orlove (Levieil & Orlove, 1991) son varios los usos y modelos de usufructo. En primer lugar se encuentra el Llachu que es utilizado principalmente como alimento animal, considerado como de los mejores, como relleno de colchones y como combustible. Es consumido por los animales directamente de la orilla hasta donde alcanza menos de u metro de profundidad, los de más adentro son cosechados entrando directamente al lago o por barcas. Se apilan en la orilla para darla a los animales. En casos es cosechada y cargada en la espalda para llevarla hasta comunidades que se encuentra a una hora de camino del lago. No existe derecho de propiedad o de cosecha exclusivo sobre este recurso el cual es usufructuado por todo rivereño.

Por su parte, la totora verde también es empleada para alimentar animales solo que en este caso no se permite su ingreso a los campos donde se encuentran. Se cosecha durante todo el año a excepción del invierno y nunca se corta por debajo de los 50 cm del tallo. Su usufructo está reglamentado, la mayoría de los campos son privados y celosamente custodiados por sus dueños, como a una zona de pastoreo permanente. Estas parcelas pueden venderse o intercambiarse entre ribereños así como son heredables por hijos de ambos sexos. Lo anterior ha configurado un sistema de micro-parcelas. En algunas comunidades mediante asambleas se defines los parámetros de usufructo, épocas de veda, cantidades de cosecha permitida, turnos de cosecha, de manera que durante todo el tiempo haya vigilancia sobre los campos, etc. La sostenibilidad de los campos de totora se da por su cultivo y trasplante.

La totora amarilla, o madura, es utilizada principalmente para la confección de objetos como balsas, colchones, esteras y techos. La raíz de totora se emplea principalmente para la construcción de sus islas por parte de los Urus.

Los bofedales y la reserva de agua, otro de los recursos importantes de los territorios Aymara, es hoy en el área habitada por Aymara chilenos y los bolivianos fronterizos uno de los recursos de mayor conflicto, particularmente por la privatización de este recurso y su alta demanda por parte del sector minero.

En tiempos recientes comunidades indígenas han empezado a explotar los recursos paisajísticos y su capital cultural mediante el turismo especialmente bajo la modalidad del turismo vivencial. Es así como a nivel de los estatutos comunitarios se ha impuesto la revalorización de los vestidos tradicionales, por ejemplo, haciendo obligatorio su uso, han definido, en el marco de los principios consuetudinarios las manera en que las familias desarrollan actividades asociadas con la recepción de turistas: alojamiento, servicio e restaurante, las actividades y prácticas a compartir así como los contenidos culturales a ser compartidos, entre otros.

Dentro de los recursos paisajísticos cabe resaltar la variedad de estos dada la variedad de los ecosistemas. En las alturas se podrían mencionar, los accidentes geográficos como las montañas, los nevados-glaciares y sus laguna, los salares y bofedales entre otros. Igualmente se podrían mencionar los abrigos rocosos donde anidan los cóndores, etc.

De otra parte, el patrimonio arqueológico también hace parte de los recursos con que cuenta la zona. Los caminos, sitios de entierros, geoglifos, las terrazas de cultivo, entre otros.

6. Medida de área equivalente al trabajo en barbecho, arar la tierra para disponerla para la siembra, con chakitaklla de dos hombres y una mujer, durante un día, desde que sale y hasta que se ponga el sol.

7. Esta afirmación tiene sus matices dado que la migración no necesariamente rompe con los lazos comunitarios. En muchos casos el vínculo es lo suficientemente cercano como para que se conserven los derechos de usufructo, en otros, incluso se cultiva comunitariamente un área en papa para con su rendimiento costear las fiestas patronales a las que asisten los migrantes a renovar su pertenencia.

8. En Perú y Bolivia se han hecho avances importantes en el reconocimiento de la autonomía y aplicación del derecho consuetudinario, no obstante los se encuentran plasmados en la Constitución todavía tienen un camino por recorre para alcanzar su plena implementación.

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